La encrucijada de la comunidad LGTB en Serbia

La reivindicación de los derechos de los colectivos de LGTB en la República de Serbia quedan entremezclados con la imagen de acercamiento a los “valores” de la UE a la vez que se enfrentan a la homofobia de los sectores más conservadores. El miedo se ubica así como el principal problema para la comunidad.

Daniel Palacios González, Belgrado (Serbia)

El 28 de septiembre se realizó la marcha por el Orgullo LGTB, que busca la visibilización de la comunidad con aires festivos a la vez que reivindicativos en el aspecto legal. El evento ha sido un verdadero acontecimiento mediático en los últimos meses, pero no por que la asistencia al mismo fuera masiva, ya que osciló el millar de asistentes dependiendo de la fuente. Su importancia subyace en la fuerte oposición que se estaba ejerciendo desde la Iglesia Ortodoxa Serbia y los sectores de la extrema derecha a la celebración del evento, que no solo era calificado de “inmoral” y “anticristiano” desde la perspectiva de la Iglesia, sino que también fue considerado desde los sectores ultranacionalistas una injerencia e los asuntos sociales serbios por parte de la Unión Europea.

La amenaza de estos sectores y sus llamadas a boicotear el evento han llevado a que la seguridad haya sido uno de los puntos fundamentales para entender quién ha salido verdaderamente beneficiado de la celebración del Orgullo LGTB en Serbia. Varias organizaciones de extrema derecha y hoolligans de los equipos locales se ubicaban como claras amenazas para la celebración de la marcha, como ya lo habían sido en las ediciones anteriores, suspendidas desde 2010 alegando motivos de seguridad. El Gobierno propuso así acompañar a la marcha con un fuerte dispositivo policial para asegurar el desarrollo pacífico de la marcha, pero los días 26 y 27, a la vez que en la central Plaza de la República de Belgrado se celebraba una multitudinaria manifestación en contra de la celebración de la marcha, los cuerpos de seguridad del Estado se declaraban en huelga, para mostrar su negativa a acatar las órdenes de proteger a la marcha ante los inevitables indicios de disturbios. “Mañana nos van a machacar” era el lamento que se escuchaba en las comisarias de la capital.

Finalmente, contra todo pronóstico por parte de la opinión pública serbia, la marcha se celebró por primera vez en cuatro años, con seguridad policial pero también con disturbios. Predrag Azdejkovic, portavoz del Centro Regional de Información de Apoyo a la Comunidad Gay y Lesbiana de Serbia y los Balcanes, en entrevista para Diagonal afirma que “para el gobierno serbio ha sido una gran victoria porque han mostrado al mundo que ellos pueden proteger a las minorías y que apoyan los valores de la Unión Europea, también han mostrado al pueblo serbio que el gobierno es fuerte y que si quiere puede hacer lo que quiera”. Esto se ilustra perfectamente al apreciar lo excepcional del hecho de que el gobierno desoyera las demandas de la ultraderecha nacionalista y la Iglesia Ortodoxa, así como que parte de los disturbios estuvieran dirigidos al canal de televisión y radio B-92, medio de comunicación pro-Unión Europea financiado por Estados Unidos a través de la USAID. Ante el posicionamiento de las reivindicaciones de derechos de las comunidades LGTB en la encrucijada geopolítica, pese a que finalmente el evento se celebrase, se ha considerado como un fracaso para sus intereses originales. Los asistentes a la marcha de 2014 no han sido mayores que los de 2010, y gran número de ellos eran activistas venidos del extranjero. De hecho, el posicionamiento privilegiado del gobierno en el desarrollo de los sucesos llevó también al rechazo por parte ciertos sectores de la comunidad LGTB serbia a acudir y respaldar el Orgullo 2014.

Medidas contradictorias

La discriminación que la comunidad LGTB sufre en Serbia se encuentra en un constante tira y afloja. Mientras el gobierno en 2005 cambió la Ley del Trabajo para penar la discriminación laboral por motivos sexuales y la Ley de Educación Superior garantizó los derechos por igual independientemente de la orientación sexual, en 2006 se cambió el artículo 62 de la constitución para especificar que el matrimonio únicamente puede tratarse de la unión entre un hombre y una mujer. Así, si bien en los últimos años se han producido otros avances, como la Ley Anti Discriminación de 2009 en la que se penaba la discriminación por orientación sexual o estatus transgénero; la Ley Juvenil de 2011 donde se penaba la discriminación por la orientación sexual; los cambios en la Ley de Aseguramiento Sanitario, por la cual el cambio de sexo está subsidiado por el Estado y la introducción del crimen basado en el odio a la orientación sexual e identidad de género en el código penal en 2012, el carácter de estas medidas y los recientes disturbios y el debate en torno a la celebración del Orgullo LGTB 2014 hablan de que la situación de la comunidad está lejos de ser normalizada.

El miedo se ubica así como el principal problema para la comunidad LGTB serbia. Azdejkovic afirma que “la comunidad vive atemorizada, y esto es porque ellos están esperando a un caballero en armadura resplandeciente para salvarlos. Pero solo la comunidad LGTB puede salvar a la comunidad LGTB con el apoyo de la población gay-friendly. La comunidad LGTB debe darse cuenta de que ellos son los responsables de sus propias vidas y de su estatus social y solo ellos pueden cambiarlo”.

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